12.11.09
Anguilas
3.10.09
Libér.rimo

3.9.09
Galgos azules
Galgos azules patrullan un laberinto de líneas discontinuas. El negativo de sus sombras revela que en los setos de zapatilla se esconden pastillas de naftalina con rabo.
¡Cazadores! En vuestros ojos veo ángulos escarpados, vacíos de alborada hirviente. ¿Qué cabrá esperar de los copos de nieve mas que una desintegración tierna y desesperada? Pero una noche las esferas abisales se alzarán y 42 dagas de cristal os obstruirán los poros, y entonces, cantaréis como puercoespines domesticados.
Ai y yo, yo ahora, ahora y siempre, seguiré criando, cuerdas rotas, gritando al cielo sísmico mis desgarros crepitantes. No, suelas rientes, no clavéis en mí vuestras espuelas, que no son las carencias lo que más hiere sino las mazorcas de piedra, y las coliflores hipertrofiadas.
Galgos pardos desfilan por un hilo transparente. Sus reflejos en el foso forman espirales de té, garabatos que ocultan un fondo de tacitas sin asa.
12.7.09
Meditaciones sobre el rigor y el amor
Al ser humano lo carcome la tendencia cara lo incondicionado, decía Kant. Y él mismo, embarcado en el sueño de la razón, fue capaz de, a pesar de su inagotable potencial intelectual, ser tan permisivo consigo mismo como para llegar a enunciar los dudosos postulados de la razón práctica (inmortalidad del alma y existencia de Dios), que se me antojan un intento desafortunado del filósofo de conciliar su complejo y bello sistema con un legado heredado o quizás más bien progresivamente desheredado. Pues bien, a riesgo de caer en su mismo error, pero sin el peso de la responsabilidad que la edad y la formación confieren me voy a permitir realizar mi propia incursión en el terreno de lo incondicionado. Sucede que, siguiendo tortuosos senderos, después de asimilar con fervor distintas teorías e ideas para luego cuestionarlas y derribarlas mediante la crítica despiadada, hay dos ideas, que en el fondo son una misma, que parecen haber superado todas las barreras, cristalizado en mi subconsciente a pesar de todo este afanoso trajín y que se desviven por ser escuchadas. Como todos los "eurekas" siento esta pseudo-revelación, que no es más que la constatación de lo que ya estaba ahí, inadvertidamente, como algo en parte ajeno a mis cabilaciones y por lo tanto difícil de traducir en palabras y exponer con cierto orden, aunque prometo tratar de plasmarlo de la manera más fidedigna posible.
¿En qué consiste pues esta idea, tan sencilla como compleja, abrigada con tanta prosa esforzada? No se me ocurre mejor manera de expresarlo que a través de una imagen; la imagen de un rostro sosegado que sonríe con serenidad o cuya seriedad esconde una sonrisa interna, velada, como la del famoso retrato de Leonardo. Se trata de un curioso experimento alquímico, de una fusión armónica entre el rigor y el amor. Si uno se para a analizar cualquier acto de creación observará dos aspectos fundamentales que se entrelazan a lo largo del proceso; por un lado existe una energía creativa, la que motiva el acto en sí, una idea desfigurada, inspiración o impulso que mueve al ser humano a producir. Cabe destacar que cuando hablo de proceso creativo me estoy refiriendo a cualquier tipo de creación y no exclusivamente al quehacer artístico; una relación personal profunda es también un acto de creación, una investigación científica o un proyecto filosófico, cocinar o incluso discurrir soluciones para desajustes mecánicos en cachibaches varios, un paseo cuando se hace con intención, todo ello puede convertirse en un acto de creación. Tenemos pues este impulso primordial que para mí no entiende de formas, el amor; pero existe, así mismo, un segundo actor fundamental en estrecha colaboración con el primero y del cual depende en buena medida el resultado final del proceso. Este otro personaje del drama sería la disciplina, el rigor, el esfuerzo y la constancia en el tiempo, vital para llevar la iniciativa a buen puerto y para extraer conclusiones que nos ayuden en futuras experiencias. Quizás sea "rigor" una palabra cargada de connotaciones cenizas pero lo cierto es que al servirme de ella no pretendo evocar ningún tipo de proceso mecánico e irreflexivo, ni mucho menos malcaradas, frígidas y severas institutrices vagando por aulas polvorientas sino que busco más bien aludir a una clase especial de determinación que nos lleva a preocuparnos por el acto en sí, un respeto o responsabilidad totalmente desinteresada provocada por los propios elementos, procesos, fenómenos como realidades independientes y externas. El amor sería, por su parte, el combustible vital que nos vincula como individuos con ese acto creativo en el que estamos implicados. Esta seriedad sonriente de la que hablo no es más que un símbolo, por supuesto, pero es precisamente su valor evocador lo que más me inquieta pues podemos entenderla como la coordinación perfectamente sincronizada entre lo discursivo o analítico y lo emocional o vivencial, entre lo consciente y lo subconsciente, entre lo formal y lo esencial, entre racionalismo y empirismo, entre ley y flexibilidad, determinismo y libertad. Por todo ello la idea persiste en mi imaginario como una pequeña obsesión; una enigmática sonrisa que guarda entre sus labios un secreto, quizás un elixir definitivo y trascendental.
Y es que si he expuesto la idea a través del análisis de los mecanismos creadores es precisamente porque considero que es nuestra propia vida el mayor proceso creativo en el que estamos embarcados; aún si no la consagrásemos a ninguno de los propósitos convencionalmente categorizados como "elevados", todos seguiríamos teniendo el derecho a aspirar a la belleza, a buscar la armonía, la felicidad que emana no de lo que hagamos en sí sino de que lo hagamos aplicando esta curiosa fórmula alquímica. Nadie encontrará nunca una respuesta universal al recurrente interrogante sobre el sentido de nuestras vidas y si admite haberlo hecho será a todas luces un iluso precisamente porque, por el hecho de ser libres, es a nosotros a quien corresponde como individuos encontrar un rumbo y un destino (o varios), guiados por ídolos lejanos o rodeados de almas afines, siguiendo impulsos íntimos o adaptándonos a lo circunstancial cuando las necesidades más primordiales se vean amenazadas, cuando flaquee la voluntad. Sin embargo, creo que esta persistente idea tiene la fuerza suficiente como para adquirir el estatus de un verdadero incondicional, casi de un imperativo moral; Sólo a través del diálogo entre rigor y amor se alcanza la felicidad más serena, la iluminación más bella, pues se trata de un diálogo armónico, que como todo lo que en verdad importa reside a partes iguales en nosotros mismos y en el propio orden de la naturaleza. Hay rigor en la tremenda diversificación de la vida en el planeta, en los complejos procesos biológicos, en las intrincadas estructuras matemáticas que todo lo ordenan; pero también hay amor en esas afinidades ocultas, en la maravillosa unidad de todo lo existente, que a pesar de presentar una diversidad tan llena de matices, colores y texturas sigue funcionando ordenadamente, manteniendo una ininterrumpible comunicación interior, permaneciendo cohesionado y a la vez en constante movimiento; ejemplificando por lo tanto la paradoja de una unidad (amor) que se fundamenta en la riqueza, variedad y dinamismo (rigor), una paradoja que Ortega y Gasset aplica a Europa en el Prefacio para Franceses de la Rebelión de las Masas, pero que yo me atrevería a extender a todo lo existente y por cuya aceptación pasa sin duda alguna cualquier anhelo de paz interior.
11.7.09
De universales y hermandades insólitas
Continuando por esta senda y ampliando el alcance de la idea creo necesario llevar aún más lejos mi osadía y afirmar que la más grande de las falacias, el mayor de los obstáculos en la búsqueda del saber es la compartimentación de los conocimientos. El desarrollo tecnológico y científico de los últimos siglos ha supuesto, entre otras cosas, un aumento exponencial de la velocidad de expansión de los saberes; de todos los saberes. Como una madreselva furiosa, el pensamiento humano ha comenzado a crecer y a enredarse de una manera prodigiosa. Por otra parte, el nacimiento de la informática nos ha permitido y nos permitirá ordenar, clasificar y almacenar ingentes cantidades de información sin mediación de nuestra propia memoria. Sin embargo, las capacidades cognitivas e intelectivas medias del ser humano no parecen haber seguido el ritmo de tan vertiginosa eclosión. Sucede pues que, hoy día, nuestras pequeñas mentes se encuentran más indefensas e insignificantes que nunca ante sus propias creaciones aunque la necesidad de sintetizar los conocimientos, de interconectarlos, no ha dejado de ser menos apremiante de lo que lo fue siempre. Es más, quizás ésta sea mayor que nunca; la compartimentación de los saberes y la especialización que ello conlleva en la vida profesional es un arma de doble filo. Puede que nos permita realizar nuevos descubrimientos o aportaciones en un campo particular y por lo tanto contribuir a la ceba del grandioso monstruo cultural pero corremos el riesgo de caer en la ceguera de la ordenada hormiga, del irreflexivo cabo raso, realizando nuestras tareas con diligencia sin acabar de comprender ni una millonésima fracción de los complejos en los que uno mismo está integrado, sin acabar de percibir la belleza de lo oculto. Es necesario por lo tanto huir de la endogamia cultural y tratar de trascender etiquetaciones e itinerarios cercados para así expandir las fronteras de nuestra libertad. Porque, aunque ello se nos escape, existen afinidades inesperadas y deliciosas entre las ciencias de toda clase, las artes y las experiencias cotidianas aparentemente más dispares y para mí es esta poesía de la existencia lo más elevado y más sobrecogedor. Del mismo modo que en una sola célula puede estar implícito el código genético de todo un ser, idéntico en todas sus células independientemente de sus funciones, estoy convencido de que es en este tipo de hermandades insólitas donde se encuentran las revelaciones más esenciales. Quizás persiga una quimera y se trate esto de una búsqueda abocada al fracaso, como la de Grenouille en el Perfume, pero si uno analiza las cualidades de esas grandes figuras alabadas unánimemente en las cumbres de todos los saberes, veneradas y temidas como si sus logros de brujería se tratasen, se dará cuenta de que todas ellas sentían interés por campos distintos y practicaban seguramente un pensamiento interdisciplinar, por definirlo de algún modo; hagamos pues del surrealismo una ciencia.
3.7.09
Vers La Flamme. Insomnio y pulsiones.
Dedicado a Scriabin (el demiurgo)
5 Cae el velo y tus alas se extienden, luminosas, resplandecientes, en toda su envergadura. Vuelas a través del sol envuelto en llamas, inmerso en una fanfarria destelleante, en un fragor ensordecedor. Ese estruendo dulce y crepitante es perforado por gotas de energía pura, canto desnudo y desfigurado que brilla más que las llamas; en efecto, tu silueta no es más que el reflejo de ese canto, tus alas proyecciones de la libertad recién conquistada. El espacio es tuyo, la materia y el vacío, la antimateria, resbalan con inocuidad como espectros de otra dimensión. Más veloz que ningún dios, que ningún gigante, tu abrazo crece, todo lo abarcas ya, las estelas celestes, los mares y las nebulosas, las fronteras del universo. 6 La vida y la muerte se suceden sobre el flujo imparable del tiempo. Las llamas colosales te consumen exaltadas, expandiéndose en explosiones encarnadas e incandescentes, contrayéndose en bucles azules y tiernos como un conjuro.
7 Victoria. Sí, victoria. Esa melodía lo ha fundido todo. Es sobrecogedor, pero las simetrías ascendentes, vibrantes, sobrevuelan los milagros del fuego, se superponen en progresiones sin fronteras. Caminas sobre el pasado, pero el futuro sigue avanzando, se identifica y se opone simultáneamente con los estratos de la memoria, pues la combustión de la circunferencia ha abierto una brecha en esta sin que pierda por ello su perfección. No se puede llegar más lejos una vez desaparecen las distancias, los antónimos, cuando temeridad y congoja se confunden ante una arquitectura que funde el todo con la nada, que extrae su grandeza de la supresión del espacio, de la polaridad. ¿Qué es el discernimiento? La razón está bailando alrededor de la hoguera.
Ahora, por fin, desde la cumbre de las cumbres, la lucidez permite vislumbrar en la gloriosa y ardiente danza el mismo diseño, el mismo patrón que configuraba los juegos de penumbra. La sombra brilla y la llama es oscura. Movido por un amor furioso, por la ira generosa que motiva la verdad revelada, exhalas tres gritos fieros. 8 Quizás ya no eres tú el que gritas, pues todas las identidades se perdieron en el ascenso desenfrenado. No importa ya, eres lo que lees, lees lo que eres; 9 trece escalones resuenan magníficos y nos llevan a tí y a mí hacia la eternidad bajo los puentes de la media luna. 10
0 [min. 0.01, c.1] 5 [min. 3.24, c. 81] 10 [min. 5.35, c.137]
1 [min. 1.11, c. 27] 6 [min. 3.58, c. 97]
2 [min. 1.51, c. 41] 7 [min. 4.20, c. 107]
3 [min. 2.50, c.64] 8 [min. 5.05, c. 125]
4 [min. 3.14, c. 77] 9 [min. 5.26, c. 133]

13.5.09
Breakfast of Champions. Kurt Vonnegut Jr.
Breakfast of Champions is a wild an irreverent cocktail where Vonnegut sort of purifies himself, giving some form and some expression to all the "junk" kept in his head throughout his 50 years of existence; that´s how he explains his own creation in the Epilogue and it certainly has a lot of that. The narration flows uncontrollably, seemingly random sometimes, jumping from here to there. We think we know what´s going to happen from the very beginning, and so we expect the whole novel to be a kind of bridge that would take us to this encounter between Kilgore Trout and Dwayne Hoover. This literary resource is nevertheless truncated by the author, who will come down into the fiction of the novel offering some explicit testimony of how the characters, settlements and ideas dance in his mind at his will, participating in the writing process. In the end, we realise the novel wasn´t about this encounter; what mattered wasn´t the mere narrative design but how we got there and the fundamental idea which lays under the whole structure; the conflict between the mechanical, measurable, scientific and causistic way of understanding the world and the "unwavering band of light" which Kabo Karabekian defends and affirms to exist in every human consciousness; our awareness, our free-will.
Vonnegut maintains a series of coherent stylistic patterns that adequate to this gloomy, bizarre and machine-like world (which is many times described to us through comical explanations and illustrations, as if we were extraterrestrial). Life in Midland City and its surroundings is governed by mediocracy, organized crime, hatred and convention, stupidity, racism, sexual violence, repression of the natural sexual impulses; even the façade of an apparently successful auto-dealer hides some rotten life experiences, some hints of madness. This is, of course, the sharp and merciless destruction of the american dream, a big question mark adressed to the "greatness" of his nation.
On this scenario, this canvas, Kilgore Trout will sustain a personal quest with his unfortunate science-fiction novels, projecting a cry of rebeldy (should we say a whisper) and dennouncing in a comical and innocent way all the injustices and stupidities of mankind. It is probably Kilgore Trout who represents human free-will, value and creativity, but this potential seems to be obliterated by everyone, overwhelmed by his defeat, sinking Trout in a vicious circle of self-compassion, dooming him to loneliness and omission.
The perspective seems pretty scary but in the same way the "unwavering band of light" triumphed in the sagaciously so-called "spiritual climax" of the book in the very end Vonnegut will renounce to his machine-like society, to his defined characters, giving Trout not just a ficticious life of glory and recognition but freeing him and gifting him and all his literary creations with free-will, then vanishing into a void of nothingness. It is here where the true climax of the novel comes, a novel that unfolds itself in the end conveying the best denial of any prison or slavery, ficticious or real.


