Hace ya más de un año que, sentado en un lateral de la sala Pau Casals de L’Auditori, tuve la oportunidad de escuchar una obra cautivadora y enigmática; “La pregunta sin respuesta” de Charles Ives (The Unanswered Question. 1906). Por aquel entonces no sabía nada de la música de Ives y la experiencia me cogió por sorpresa. El efecto que tuvo en mí fue profundo aunque las implicaciones filosóficas y teológicas de la obra todavía se me escapaban. Una y otra vez ha resurgido su recuerdo a la superficie de mi consciencia, cada vez bajo una luz más clara. A día de hoy, la considero la más lograda metáfora en música de la aventura humana. Si solamente creemos en una temporalidad lineal, sin duda para 1906 tenía un carácter bastante profético. Pero, ¿y si el espacio-tiempo fuera curvo como un círculo? ¿Y si el pasado y el futuro no tuvieran mayor realidad que la de una sombra, para una consciencia integral? ¿Y si todo lo que hay no fuera, desde la distancia, más que un Eterno Presente? Entonces la obra de Ives pasaría de ser una profecía modernista –como muchos la interpretan- a ser un posible retrato de lo que siempre hubo y siempre habrá. De hecho, “La pregunta sin respuesta” es las dos cosas simultáneamente, he ahí su maravilla, su secreto.
Ives nos propone, con esta contemplación, un paisaje cósmico en el que el cuarteto de cuerda representa “los Silencios de los Druidas –que Conocen, Ven y Oyen Nada”, la trompeta declama “La Perenne Pregunta de la Existencia” y el cuarteto de viento busca sin éxito “La Respuesta Invisible”. La trompeta pregunta seis veces sobre el lienzo atemporal del Silencio, y recibe seis respuestas cada vez más impacientes y agitadas, más carentes de sentido. A la séptima Pregunta, los buscadores desisten y la Pregunta encuentra por única Respuesta el Silencio, testigo imperturbable del drama.
La Gran Aventura
Siete preguntas. Seis respuestas. Seis clamores de trompeta acompañaban el Apocalipsis en San Juan, la séptima anunciando la consumación del misterio Divino. Y esta, con Ives, ocurre en el reencuentro con la pureza de una eterna y silenciosa tríada mayor. La alusión a la Biblia es clara aunque Ives decide no hacerla tan explícita como Olivier Messiaen –Quartet pour le fin du temps. Danse de la fureur, pour les sept trompettes-. La pregunta es siempre idéntica, es el Ser -la consciencia humana, limitada y dual- buscando el No-Ser -la Consciencia Divina, ilimitada, integral-. El siete es símbolo de esta pregunta, lucero en la búsqueda. De ahí su constante e innegable preeminencia en el diseño del mundo natural y en todas nuestras manifestaciones culturales. Seis son las respuestas de una humanidad perdida, “pecaminosa”1, las respuestas de una consciencia polar que habita el reino de la ilusión, el reino de Lucifer. Pero hay que recordar que Lucifer no significa otra cosa que “el Dador de Luz”. Lucifer, es en cierto modo la pieza maestra del diseño, el hijo predilecto. Su sino es el sino del hombre, el hombre que se engaña, se complica, se pierde, cada vez más, hasta que finalmente no le quedan más caminos que recorrer. Pues sólo entonces, cometidos todos los errores, agotadas todas las máscaras, podrá unificarse con aquello que buscaba con desesperación y que siempre había estado allí, inadvertidamente, observando y regulando con paciencia sus movimientos; la Unidad, la Nada, el Silencio, el Vacío, el Todo de la Conciencia (sat-chit-ananda, en sanscrito).
Mirando lo ocurrido durante el siglo XX y lo que está empezando a tomar forma en este siglo, no podemos más que reconocer este movimiento. Pues en la evolución del Arte y la Ciencia podemos identificar las sucesivas respuestas que hemos ido dando a la “Perenne Pregunta de la Existencia”. La búsqueda de la originalidad y la esencialidad en las artes, los movimientos “ideológicos” de vanguardia del modernismo, han contribuido, paradójicamente, a poner en duda nuestros conceptos de representación, lenguaje, belleza y autoría. Como ocurría en el relato de Italo Calvino, Un símbolo en el espacio –Cosmicómicas-, el universo de lo potencialmente existente se ha ido cubriendo hasta llegar un punto en el que los símbolos –los géneros y las identidades- empiezan a fundirse y entremezclarse. Nuestra actual fascinación por la intertextualidad, el fenómeno de la hibridación de géneros musicales, la disolución conceptual entre música y ruido, la exploración de la sombra en arte –lo inconsciente, fragmentario, sarcástico, retorcido, doloroso, irónico, humorístico, monstruoso- no es más que un estadío de este proceso “apocalíptico”. En última instancia, nos veremos abrumados por tal diversidad de discursos y las diferencias entre ellos serán tan ínfimas que podremos empezar a reconocer el todo que conforman y no sólo entre ellos, si no con el entorno –de ahí la conquista del ruido, de lo feo, de lo aleatorio-, y con nosotros mismos. Reconoceremos que la creación humana es en realidad recombinación de elementos preexistentes, que ninguna forma ni idea nos pertenece, que nuestra esencia no está en el mundo de la formas y,precisamente por ello, las alberga todas en potencia 2. Sólo entonces entenderemos que, nosotros también, somos parte de ese todo. “Toda la Creación existe en ti y todo lo que hay en ti existe también en la Creación”, dice Khalil Gibran. Como ocurría en la magistral novela de Italo Calvino, Si en una noche de invierno un viajero… los títulos de unas narrativas que se nos presentan como dispares, inconexas e inacabadas crearán, finalmente, una gran frase con la que se revelará la homogeneidad en lo heterogéneo, la unidad en la diferencia. Los ilusionados creadores buscarán conjurar sus propios universos, sus propios lenguajes y en su búsqueda de una existencia autónoma llegarán a cuestionar a Dios y sus leyes –presunción de autonomía de las disciplinas artísticas, pretensiones de asemanticidad, etc.-. Lo que quizás no sospechaban es que su conflictivo fragor creativo no es más que una pieza del gran puzzle y que, como ocurría en el mito de Ainulindalë de J.R.R. Tolkien –El Silmarillion-, la voz de Melkor, el más talentoso y ambicioso de los hijos de Ilúvatar –o Eru, el único-, nunca consigue romper el orden y la harmonía divinos, pues más allá de Él no tiene ninguna existencia, es pura sombra -un semi-dios "Sin cara" como el de El Viaje de Chihiro de Miyazaki-. Es aquí donde encontramos el sentido a la ambivalencia del término “ilusión” 3. La ilusión humana es engañosa porque nos hace distinguir entre lo nuevo y lo viejo, lo propio y lo ajeno. Pero de ilusión en ilusión, vamos desentrañando y amando cada rincón, cada aspecto de la existencia. Y con el paso del tiempo, la realidad va emergiendo ante nosotros, y nuestra consciencia reconociendo lo que siempre estuvo allí. Después de todos los viajes, las ilusiones y las aventuras, descubriremos, como Tintín en El Secreto del Unicornio, que aquello que buscábamos estuvo siempre en el punto de partida –en lo más profundo de nuestro Ser- y entonces, como decía el misterioso pergamino, “De la luz, se hará la luz”; entonces podremos devolverle el abrazo al Universo.
La respuesta invisible
“La angustia suscita la belleza, como la pregunta despierta su respuesta” -Christian Bobin, Autorretrato con Radiador-. El final de esta aventura comienza con un retorno a la belleza y simplicidad originales, con un retorno al humanismo, al Ser, al Silencio del no-hacer. Cuando el lenguaje y la representación -nuestras "respuestas"- entran en crisis y sólo producen más angustia y confusión nos vemos obligados a buscar en nosotros mismos, a entablar un contacto directo con nuestra realidad inmediata y situarnos por encima de la dualidad pregunta-respuesta. 4
¿Qué es la realidad? Tan pronto como tratamos de representarla la estamos reduciendo y falseando. Desde Buda hasta Wittgenstein, sabemos de las limitaciones del lenguaje. ¿Cómo describir la inefable pristindad de la percepción directa? "A rose is a rose is a rose" exclamaba Emily Dickinson. Los objetos de la percepción -los productos del pensamiento, nuestro alma-cuerpo, el mundo "exterior"- son susceptibles a ser interpretados de infinitas maneras, pero ninguna interpretación será verdadera en un sentido absoluto, nunca podrá equipararse con la Realidad misma. De ahí que la "respuesta" sea informulable. O nos limitamos a un "la Realidad es", o acudimos al emparejamiento de conceptos contrapuestos, como ocurre en la poesía Zen, como hacía el Maestro Lao-Tse. 5
El sentido de la existencia humana no se halla en la representación estática, presuntamente "absoluta", sino en la existencia misma, tal y como se nos presenta, con sus conflictos y avatares. Sólo a través de la ilusión descubrimos la realidad, sólo en contraste con el ruido -la acción involuntaria, inconsciente, desordenada- podemos apreciar la música -la acción voluntaria, consciente, ordenada-. La Luz se reconoce frente a la Oscuridad, el Bien se sienta en el Mal, La Salud en la Enfermedad. Como decía Mario Vargas Llosa, hay una gran "verdad en las mentiras", una gran perfección en la imperfección 6. Pues, precisamente porque la Realidad es perfecta y coherente, uno hallará en el exterior aquello que proyecta de sí mismo y así podrá descubrir su propia imperfección, traducida en conflictos y estímulos no-deseados. La "imagen", la "respuesta" que ésta nos devuelva será siempre fiel, pues no tiene otra función que la de operar como un gran Espejo de lo que somos 7. Y como cada observador es único, y cada camino es único, habrá tantas interpretaciones de la realidad como observadores. Así, cada persona interpreta de un modo diferente los mismos objetos perceptivos -las nubes, las manchas del famoso test de Rorschach-. Es el contexto -vivencial, cultural, espacio-temporal- y la intención lo que determina la interpretación que hacemos de los objetos de la percepción. Podemos aprehender, como el Werther de Goethe, el aspecto constructivo o destructivo de la naturaleza alternativamente, según sea nuestro estado de ánimo, sin que el paisaje tenga que cambiar por ello. Por eso decía el Buda, "Verdad es lo que es útil". Nuestras percepciones y representaciones de la Realidad -verdades, realidades, teorías, ilusiones- sólo tienen sentido en cuanto que nos sirven para relacionarnos activamente con ella. Hace unos años ya que se esté empezando a reivindicar en el ámbito educativo el "pensamiento lateral" al servicio de la resolución de conflictos -Ken Robinson-. ¡Y es que ésta es, en última instancia, la principal razón de ser del pensamiento lógico-racional!
No estamos aquí para cambiar la Realidad, ni para retratarla, sino para descubrirnos y formarnos en ella. La Realidad es simultáneamente estática y dinámica, lineal y circular, temporal y atemporal, como la obra de Ives. "Todo pasa y todo queda", decía Antonio Machado. El No-Ser - la Consciencia Divina, ilimitada, integral- representado por los Silencios de los Druidas, convive con el Ser -la consciencia humana, limitada y dual-, las Preguntas-Respuestas, en nosotros. Ese es el secreto del que hablaba Lao-Tse. A eso se refería el Cristo, cuando decía "El Reino de Dios está en vosotros". El ser humano habrá de bailar, en precario equilibrio, entre todos los dualismos hasta hallar la unión en lo escindido, hasta reunificar la consciencia divina con la individual, el espíritu y la materia, el significado y el significante. El sentido de la Vida es Arte, Yoga, Amor, Relación, Símbolo. La unificación de El-Observador-en-los-observadores con Lo Observado a través de la Vida-Creación. "All you need is Love" dicen los Beatles, "Moving, all the people, moving. One move and just One dream!" dice Macaco, "¡Todos para Uno, y Uno para todos!" dicen los mosqueteros.
Puede que no seamos más que "Una estrella fugaz en la Edad del Cielo" -Jorge Drexler-, una jugada ínfima dentro de un partido infinitamente más grande. Pero, como decía Van Gogh, "Great things are not done by impulse, but by a a series of small things brought together". Allá vamos, "cada uno con su granito de arena", o mejor dicho; cada uno, un granito de arena.
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1. El pecado del ser humano consiste en su separación de la unidad. En la lengua griega se aprecia con exactitud el verdadero significado de la palabra pecado: Hamartäma quiere decir “el pecado” y el verbo hamartanein significa “no acertar en el punto”, “errar en el tiro”, “faltar”.
-, Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke. La Enfermedad como camino
[Krankheit als Weg].
2. Solomon saith: There is no new thing upon the earth. So that as Plato had an imagination, that all knowledge was but remembrance: so Solomon given his sentence, that all novelty is but oblivion.
-Francis Bacon, Essays, LVIII.
3. Es muy recomendable, a este respecto, el Breve Tratado sobre la Ilusión del ya difunto Julián Marías. Accesible online en: http://www.busateo.es.
4. “La vida toda no es más que interrogaciones hechas de forma que llevan en sí el germen de la respuesta, y respuestas cargadas de interrogaciones. El que vea en ella algo más es un loco.
–Gustav Meyrinck, El Golem.
5. “El que dice: hermoso
Está creando: feo.
El que dice: bien
Está creando: mal.
Resistir determina: no resistir,
Confuso determina: simple,
Alto determina: bajo,
Ruidoso determina: silencioso,
Determinado determina: indeterminado,
Ahora determina: otrora (…)
-Lao Tse, Tao Te King
6. “La verdad de las mentiras” es un ensayo preliminar a una serie de reflexiones personales sobre grandes obras de la literatura universal, a cargo de M. Vargas Llosa. Constituye una valiosa apología del valor de las ficciones. La recopilación está bajo ese mismo título: La verdad de las mentiras.
7. Para una discusión más detallada sobre la relación entre el observador y lo observado y la Totalidad acudir a Fragmentation and wholeness del físico David Bohm.